Metamorfosis

Reto literario septiembre 2021

Regatas – croqueta – trastero – libélula – sábanas – mochila – Zinemaldi – canalizar – excusa – natillas – amistad – tempo – coche – clase – moho – ilusión – embarazo – elefante – husmee – cagada – desinterés – leche – depresión – pinpilipauxa – neceser – huella – metamórfico – serenidad – nostalgia – inescrupuloso – encofrado – locura – esperanza –
rutina – guapasa – acepto – energía – prolalia


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En qué consiste el reto

Con esta lista de palabras tienes que escribir un relato que no supere las 300 donde hayas incluido todas, tal como aparecen en el listado.

Puedes compartirlo en comentarios, compartirlo en tus redes etiquetando a la Escuela o a mí misma y así unos nos leemos a otros.

El primer fin de semana de cada mes propongo este reto en mi cuenta de Instagram personal (@itzisis). Durante el sábado, mi comunidad me sugiere palabras y el domingo escribimos. Yo siempre me comprometo a escribir un relato «marca Itzi».

Espero que te guste. Este es mi ejercicio de septiembre. 🤓


Metamorfosis

Domingo de regatas y Zinemaldi. Es una locura afrontar un día tan fuera de la rutina después de una gaupasa, pero no tengo excusa. «Acepto», digo aún bajo las sábanas calientes con la ilusión escapándose del trastero. Intento fingir desinterés, mostrar serenidad, demasiada retórica, prolalia para ahuecar su ego. Le pasa inadvertido mi corazón encofrado o quizá no quiere detenerse en el moho de mi esperanza.

No sé calcular el tempo de mi depresión, ni la huella de la nostalgia que, como una mochila sobre la espalda, me obliga a caminar cuan elefante en su último mes de embarazo. ¿Cómo llegamos al hotel? «¿Ya has elegido dónde comeremos la mejor croqueta de Donosti? Tengo el coche abajo. El neceser está en el baño.»

La gran cagada no es jugarme su amistad, sino descubrir que es inescrupuloso con el drama de mi vida. «Déjame que husmee en ti». Hacía años que no sentía la energía de una pinpilipauxa en el estómago. ¿Qué clase de tipo tengo ante mí? No sé canalizar lo que siento. Pone ante mí un cuenco de leche y unas natillas mientras me mira.

Entra una libélula por la ventana. «Dicen que anuncian el cambio», comenta. Yo de eso no entiendo, aunque el movimiento de las capas de mi piel ha creado un nuevo Yo metamórfico que nada tiene que ver con quien llegó hasta aquí. A ver si esto va a ser cosa del amor…


Si quieres ser más creativo/a escribiendo, no te pierdas los retos, los ejercicios que propongo semanalmente, ni los cursos de escritura que encontrarás en la Escuela Indie de Escritura.

¡Nos leemos!

2 comentarios en “Metamorfosis”

  1. ¡Hola!
    Dejo aquí mi aportación al reto de septiembre. Es mi primera vez…, ¡qué emoción!

    De profesión regatas.
    La chica del bar, donde comienzo el día con una croqueta de jamón, no lo entiende.
    Se lo digo mientras follamos en el trastero entre cajas de refrescos.
    Cada mañana voy al Club Náutico. Con una elegancia de libélula inalcanzable, busco al navegante más excéntrico, asegurándome antes de que sus sábanas cubren la cama del yate más grande.
    La última vez salí corriendo con la mochila entre las piernas, ligué con alguien del Zinemaldi.
    No sé cómo canalizar esta lascivia y ansia de poder que me poseen como una excusa para hacer las cosas más perversas.
    Que Andrea viera como el presidente de la comunidad se comía las natillas en mi sexo acabó con aquella amistad disfrazada de noviazgo, que sufría de un tempo inadecuado.

    Subimos al coche tras la clase de pádel.
    El olor a moho del interior se come mi ilusión. Como un embarazo que acaba sin línea rosa en el predictor.
    El elefante de cerámica en la habitación tampoco augura nada excitante. Husmeé para cerciorarme de la gran cagada.
    El desinterés aumenta. Su mala leche, la alusión a la depresión de su hija de 21 años, me sacan de allí, soy una pinpilipauxa. No me importa olvidar el neceser, no dejar huella alguna. Como ser metamórfico estoy por encima de su banalidad.
    Me poso en la serenidad de la mente en blanco que, de inmediato, es reemplazada por la nostalgia.
    Me calzo mi traje de inescrupuloso para colarme en el encofrado de la vida de locura de este tipo. Es mi única esperanza de recobrar la rutina segura.
    Tras la gaupasa acepto que no sé vivir de otra manera. Echando mano de la poca energía restante, comienzo la prolalia que me garantiza una buena suma. El tipo, engreído, suelta los billetes y me marcho.

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