Reto literario marzo 22

Escritura creativa

Como cada mes, aquí va el ejercicio de escritura creativa propuesto en mi cuenta de Instagram, (@itzisis), donde mi comunidad me propone palabras y con todos ellas yo debo escribir un relato que no supere las 300.

Este mes me he acordado de uno de mis profesores y el relato ha tomado su voz prestada.

Puedes descargarte la plantilla con las palabras aquí. ⬇️

Mi relato del reto de marzo 2022

¡Por el amor de Dios, Sistiaga! ¿Quiere usted explicarnos, por favor, el éxodo en Italia o va a seguir con su sempiterno cerebro haciendo burpees mientras encuentra el contexto apropiado antes de hablar?

Y el resto, no se distraigan, acabamos de entrar en marzo, mes del conejo en el calendario chino, y finaliza la evaluación. Terminen el caligrama y recuerden que para el viernes quiero la redacción sobre la mandrágora y el comentario de texto de Paz y libertad de Ormaza Unamuno. Ya pueden embadurnar sus neuronas con canela porque no hacen otra cosa sino surfear el curso. Confían demasiado en la suerte, creen en la belleza del camaleón, engañosa, no saben, son unos ineptos. Deberían madrugar más, llegar al centro como si los acabaran de parir. ¿Y bien? ¿Celebérrima Sistiaga, apoquinó su padre la matrícula con el amarillo o aquí también le abrieron las puertas de par en par?

La práctica hace al maestro

Así es. Si cada mes practicas un poco tu escritura, si cada día escribes, aunque sean apenas diez líneas, verás cómo poco a poco tu narrativa mejora porque habrás adquirido más recursos.

Estos retos son geniales porque nos hacen salir de nuestro vocabulario habitual y nos invitan a solucionar la historia por nuevos caminos.

Si te animas a escribir tu relato, déjamelo en comentarios para que pueda leerlo.
¡Gracias!

2 comentarios en “Reto literario marzo 22”

  1. ¡Hola! Es la primera vez que hago el reto. Aquí abajo dejo mi texto 🙂

    Desde niño me ha gustado madrugar. Antes del amanecer sacaba de la jaula a Canela, mi conejo, al que llamaba así por su pelo, y aprovechaba la paz de la casa para dejarlo correr en libertad. Mi madre, adicta a los suplementos de mandrágora para calmar su ansiedad, odiaba a Canela. Amenazaba con embadurnar su cuerpo de manteca y ofrecerlo como comida a la mascota de mi padre, un enorme camaleón. Yo tenía que surfear las olas de su sempiterno mal humor cuando él estaba ausente. Mi padre, un amante de la belleza de los reptiles, iba a Italia tres veces al año por trabajo: en marzo, en agosto y en diciembre. Allí se reunía con la Señora Sistiaga, su socia, con la que decidía los bolsos que venderían en España los siguientes meses, todos de piel de reptil. Con el tiempo supe que la Señora Sistiaga se moría de amor por mi padre y que mi madre lo sabía.

    Siendo ya adolescente, acompañamos a mi padre a Italia. Para entonces ya tenía a Amarillo, el golden retriever que nos regaló nuestro vecino tras parir su perra doce cachorros de una sola vez. En aquella época yo estaba obsesionado con el deporte y me propuse hacer abdominales y burpees durante el vuelo. Desistí tras ver el espacio existente entre los asientos y la cantidad de pasajeros. ¡Parecía un éxodo!

    Nos reunimos con la Señora Sistiaga en un restaurante cerca de la celebérrima Torre de Pisa. No he olvidado la ilegible carta del restaurante, escrita en forma de caligrama. Creo que la Señora Sistiaga pensó que durante la comida estaría a solas con mi padre. Puso mala cara cuando nos vio aparecer a mi madre y a mí, pero fue peor la que puso cuando apoquinó todo lo que habíamos consumido.

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